La presentación se llevó a cabo durante la semana del libro es un que se lleva acabo Viernes 8 al jueves 14 de abril y tomó lugar en el Aula Magna el Lunes 11 de abril del 2011. Se dio a conocer algunos de los contenidos del libro llamado “Libros y Discos”.
El salón en el que ocurrió la
presentación se encontraba vacío a las doce cincuenta y cinco que arribe, sin
embargo el expositor ya estaba sentado en la parte de adelante de la sala. Era
un hombre edad avanzada, caminaba despacio, usaba lentes, tenía una pronunciada
barba blanca y vestía una guayabera azul
cielo y un pantalón blanco.
El salón se fue llenando de
manera moderada por jóvenes de preparatoria y universidad, existía poca
variedad en cuanto edades y vestimenta. Poco a poco ocuparon los lugares del
centro y la parte de atrás dejando vacíos los de la parte de enfrente, a la par
el cuchicheo aumentaba. Todos asistían como parte de una clase o por placer,
según me informaron tres alumnos de preparatoria. La voz de la directora de la
Biblioteca Ofelia Ontuña se escuchó a la una y tres desde el pódium: “Esta es
la primera llamada, por favor mantengan sus celulares en vibrador o apagados”.
Tras algunos minutos la puerta de
entrada seguía abierta y el público continuó ingresando a la sala y llenando
los asientos restantes, pronto ya no habría más lugares. La segunda llamada se
dio a la una y diez que denotaba el comienzo de la exposición, los murmullos
fueron terminándose como si se le bajará el volumen a una radio hasta que toda
el aula permaneció en absoluto silencio.
El primero en hablar fue Luis
Navarro, director del departamento de lenguas de preparatoria. Comenzó dando una breve introducción de la vida del
exponente Fernando Díez de Urdanivia. Díez nació en el año de 1932, en un
México bajo el yugo priista. Como profesionista tiene una licenciatura en
periodismo que obtuvo en la escuela llamada actualmente Carlos Septién García. Desde
hace más de 50 años ha dedicado su vida al periodismo. Colaboró para Excélsior,
Novedades, El Heraldo de México, El Universal y El Día, con columnas
donde abordaba su gran pasión: la música.
El presentador fue aclamado tras
la pequeña introducción con una lluvia de aplausos. Díez expresó su preocupación
de que el texto que él había recreado para la exposición le era inútil debido a
que no consideraba estar frente a un público tan joven, bromeando dijo “El único representante de la
momiza soy yo” lo que provoca una explosión de carcajadas en toda la sala. Describe que se dedica y que también funge
como editor y productor musical.
Una
vida músical
La exposición comienza con Fernando
Díaz exponiendo el audio que escucharíamos a continuación. Explicó que pondría
una pista de Agustín Lara, un actor, cantante, músico y compositor mexicano del
que Don Fernando se declaró gran admirador. Se podría decir que Diéz creció
escuchando las canciones y boleros de Agustín Lara.
La música de la que hablaba se
puso en play y una pianola se
escuchó. Era rápida y alegre. Pude observar a un joven con playera blanca y
pelo rubio brincando de su asiento al compás de la música. Al terminar preguntó
“¿alguien reconoció esto?”, nadie en la sala lo confirmó, Don Fernando explicó entonces
que este tipo de música era llamada “Las bicicletas” de Salvador Morlet y que
era una polka corrida debido a que se bailaba corriendo de un lado al otro del
salón. Así continuará exponiendo alguno
de las canciones de las que habla en su libro “Libros y Discos” que recopila
música clásica mexicana.
Ulteriormente Diéz habla más de
su vida como periodista y plática que entrevistó en el pasado al reconocido
actor mexicano Ignacio López Tarzo a quien este entrevistó algunos años y
previamente pone una pista musical. En
la música que escuché pude percibir una mezcla de mandolina con piano y violín,
al igual que con la primera canción algunos jóvenes se mecían de un lado al
otro. Era un vals mexicano de fines del siglo XIX y su autor Angel Borda
Garrido.
Después nos hizo la recomendación
“vale la pena que ustedes vayan creando un huequito para ir disfrutando de ésta
música”. Y sin percibir su comentario, el público comienza a distraerse,
ciertos estudiantes comienzan a susurrarse cosas al oído y reír en lo bajo,
otros sacan sus gadgets a relucir y algunos toman agua.
Esta vez se escucha una narración
a cargo de Juan José Arreola: "Nos
ha tragado la ballena. Que vivimos en sus entrañas, que nos digiere lentamente
y que poco a poco nos va arrojando hacia la nada” pude escuchar en el
cuento. Díez habla de que conoció en Guadalajara a éste escritor académico a la
edad de once años y fueron amigos toda la vida (Arreola sucumbió el en
diciembre del 2001).
Es
el turno de la literatura
“Seguimos por el lado de los
textos literarios” menciona Díez de Urdanivia. Se escuchó seguidamente una
narración de Eraclio Zepeda un cuentista a quien Don Fernando le tiene una gran
admiración hacia “¿Habrá terminado la
guerra en México?” dice la voz en la grabación y puede ver varios rostros en
frente de mí negando lentamente con la cabeza, “Por fortuna ha terminado. Me fui caminando con una gran tristeza”. Este
cuento se destaca, platica Díez, por ser uno de los cuentos que jamás escribió
en la grabación se escucha como si lo leyera pero realmente lo está diciendo de
memoria.
“Vamos a hacer un cambio a
poesía” nos dijo el presentador. En la antepenúltima pista escuché por primera vez una narración a cargo
de una mujer, María Teresa Fernando. Ella y Don Fernando realizaron juntos un
CD, debido a que ella deseaba hacer un disco de poesía femenina. “Es una mujer
que tiene una espléndida voz” la describió Díez. Tras escuchar el poema el
expositor dijo “Ya vi algunas caras risueña que me revelan que reconocieron el
poema, ¿de quién es? “ Sor Juana Inés de la Cruz respondí en voz baja, al ver
que repite la respuesta elevo mi voz y unas voces más contribuyen mi respuesta.
De vuelta a la música nos habló acerca
de Alfredo Carrazco y escuchamos una pieza creada por él. La música inicia con el tocar de un piano
triste, pero las bocinas comienzan a fallar y el audio comienza a escucharse
distorsionado. Los jóvenes en el auditorio se distraen y las pláticas se
escuchan cada vez más fuerte, la música baja el volumen y el ritmo
simultáneamente con las del cuchicheo. La música que oímos llevaba por
nombre “Adiós”. Es seguido por una música tocada por violines
compuesta por Miguel Bernal Jimenes llamada “cuarteto virreinal”.
“Estén listos para asombrarse”
Don Fernando dijo antes de que empieze el penúltimo audio en la presentación.
El sonido parecido a un silbido o flautilla aguda inunda la sala. “¿Alguno sabe
cómo se llama?” En el público alguien mencionó la respuesta correcta todos los
rostros se giraron sorprendidos, cuando pude verificar a quien correspondía esa
familiar voz me percaté de que pertenecía a mi antiguo profesor de canto de la
primaria, Jesús Betancourt, amante de la música.
Pero Diéz entonces saca a relucir
la importancia y maravilla de esta melodía: está “tocada” con una hoja. “Hasta
hace poco todavía se podía encontrar por la calle tocadores de hoja de árbol,
(…) eso son tradiciones que se van perdiendo, (…) pondré para finalizar un
instrumento que también va en decadencia que es el cilindro”.
Don Fernando explica entonces que
esta canción es única debido a que el instrumento que se escucha es un
organillo original. Este instrumento es de origen alemán, fueron traídos a
México por el Circo Atayde Hermanos a comienzos del siglo XX, piezas así son
considerados ya una reliquia y vistos en museos. La música que emite remite a
la niñez y a ferias.
“Mantener
una cultura es responsabilidad individual”
A unos cuantos minutos de que la
conferencia termine una compañera realizó una pregunta “¿si pudiera elegir uno
de los libros que ha escrito, cuál sería el predilecto?”. La respuesta fue
inesperada: “Yo elijo todos los que escribí para tirarlos a la basura”.
Entonces el autor hizo reflexionar al decir que él quería seguir escribiendo y
jamás conformarse con lo que ya había realizado, aquel que este satisfecho con
lo que lleva hacho está perdido.
Tras la sesión de preguntas una
fuerte lluvia de aplausos se escucha nuevamente y al igual que al principio se
llenó el aula se va vaciando a un paso lento, afuera la esposa del autor vende
discos de algunos de los artistas que pude escuchar en la presentación y libros
escritos por Fernando Díez.
“A mi parecer, la combinación
entre audio y explicaciones contribuyó a una atención más fija en el expositor
y entretenida” me dijo Rosaura Alba, una alumna de preparatoria de 18 años. Y
si es cierto que algunas veces la música funcionaba como atracción también
causaba desatención ante el expositor y alentaba las pláticas y el cuchicheo.
Por otro lado Mario Pinzaz otro
alumno de preparatoria de 19 años me comentó: “No estoy muy interesado en la
música, pero las narraciones fueron interesantes.” Quizá como el presentador
mencionó al principio el público no era el adecuado para el tipo de material
que él tenía preparado y resultó monótona y aburrida para algunos.
Se
termina la música pero el ritmo continúa…
“La presencia compartir mi sabiduría pero
sobretodo mi ignorancia”, con esta frase terminó por completo de exponer Fernando
Díez de Urdanivia con la promesa de regresar nuevamente.


